Hasta el viernes último, el número de víctimas en la violencia relacionada con la prohibición que arruina a México este año había subido para 1.378, un alza brusco con relación a lo 940 muertos en el mismo momento del año pasado, informó el fiscal general mexicano, Eduardo Medina Mora. Desde entonces, esa cifra se ha puesto cada vez más alta, ya que las matanzas siguen a diario. Entre los muertos esta semana, siete policías fueron asesinados en Culiacán cuando allanaban una casa que pertenecía al Cartel de Sinaloa.

Este mes, por lo menos seis altos funcionarios de la policía, incluso el jefe de policía de Ciudad Juárez y el comandante en funciones de la Policía Federal Preventiva, han sido asesinados, presuntamente en las manos de pistoleros de cartel. Otros se han fugado a EE.UU.
Pero para Medina Mora, la marea creciente de sangre es una señal de que la ofensiva del gobierno está funcionando. Arrestos e incautaciones recientes han creado un vacuo de poder y las distintas facciones de los carteles compiten por el territorio, argumentó. “Hemos ido acortando el poder de las organizaciones, quitándole poder de fuego. Esto genera descomposición y esta descomposición se expresa con violencia, violencia entre ellos, porque tienen que competir por un pastel más pequeño”, dijo Medina Mora.
El gobierno estadounidense aparentemente no está de acuerdo. Actualmente, el Congreso considera un programa de ayuda antidroga de tres años calculado en $1.4 billón para México con vistas a derrotar a los carteles. Parece que el propio gobierno de Medina Mora tampoco. Anunció esta semana que desplegará a las Fuerzas Armadas contra los carteles por al menos otros dos años.


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